21 de noviembre de 2017

El misterioso hálito de la vida incierta. Desguazarse la sonrisa entre hierros y cortafríos. Desperezarse la vida de los dedos de los pies.
No sé.
Me gusta el otoño, pero siempre pasan cosas.

18 de noviembre de 2017

Licor de arroz y Chartreuse. Perquè vull. Perquè tinc ja ganes de beure. I de viure.

No todos los cuentos tienen final feliz. Pero todos tienen algún instante de felicidad.

Y no sé. Borracha de vida y licor catalán a la 13 h de la mañana me acuerdo de aquel día en las Alpujarras, tanta niebla que no nos veímos las puntas de los pies, y tú y yo bebiendo y comiendo queso de almendra mirando el fuego.

Ya no siento nostalgia, apenas. Acepto que somos lo que somos, lo que elegimos ser. Está bè. Beeeeeeé.

Yo siempre pense que nuestros puentes jamás se podrían quemar. Pero no pasa nada. Y si pasa, no pasa nada. Nunca pasa nada, sobre todo si hemos muerto.


13 de noviembre de 2017

Ciclos

Non-satisfation y compensation.
Y así empieza el caos.

8 de noviembre de 2017

Te rompen el corazón muchas veces. Que putada. Y tú sigues cosiendo los pedazos. Y pensando si lo que haces mal igual es lo único que creías estar haciendo bien. Pensando qué es lo que todavia no logras comprender, porque la vida te insiste una y otra vez con lo mismo.  Y sin llegar a ninguna conclusion concluyente salvo, quizas, que haces lo que puedes y que nada es definitivo.

Transcendence

Que no te confunda la magia: seguimos siendo humanos que,a veces,se transcienden.

Pero humanos. Y nos pasa algo hermoso y lo jodemos con los y si, con los miedos, con las heridas que arrastramos.

Y llenamos de sal las heridas de los otros cuando intentábamos, paradójicamente, ayudarlos a sanar.

Y bueno.
Somos.

6 de noviembre de 2017



...hay tantos con quien estar, pero no con quien ser...

1 de noviembre de 2017

Algo de autodestrucción y una pizca de placer

Diluir la realidad con sake era poético, pero circunstancialmente accidental. Es posible que se me fuera de las manos. También es posible que necesitara que se me fuera de las manos. La cuestión es que la realidad, al diluirse, chorreo por mis ojos como agua sucia, un goteo irreductible que finalmente se convirtió en la constatación de los pedazos que quedaban de mi, en mi. Y, todo lo que te constata, te afirma. Existes, diluida o no.

Es paradójico, pero a veces diluir la realidad es el único modo de concentrar tu esencia.

Y es en esa paradoja donde reside la necesidad de la soledad, y la insoportable e inaguantable sensación de soledad. El peligro de pensar que sólo rompiéndose es posible recomponerse.

Tú no necesitas vivir fracturada para seguir entera. Y yo estoy aprendiendo.

30 de octubre de 2017

No puedo darte las respuestas que estás buscando. Me lo dice el corazón.

Tranquilo, sí me las has dado.

Igual me merecía un poco más de honestidad, igual me la he merecido siempre. Igual has sido un cobarde de tres pares de cojones.

Gracias por ser tan sumamente egoista y hacerme fácil comprender que no quiero tener nada que ver con quien te has convertido, por hacerme entender que no queda nada del amigo al que echo de menos.

No quiero saber más de ti, de tu yo de ahora ni de tu yo futuro. De tu yo pasado me quedo con todo lo bueno que vivimos juntos, pero ya sin nostalgias.

Corto y cierro.

27 de octubre de 2017

Tardor

Después de unos días algo desubicada, esta mañana desperté con la profunda sensación de haberme olvidado de algo super importante: nada importa, en realidad.

Recordar eso, paradójicamente, hace que puedas elegir que es realmente importante para ti, segun tu criterio,adaptando a las circunstancias tu realidad sin sentirte frustrada por ello. Permite desapegarse de la sensación de urgencia que nos impide disfrutar de la vida, de priorizar en base a tus valores y de elegir, en cada momento, quién quieres ser AHORA. Permite sentir paz al alcanzar coherencia entre quien eres y que haces, sin que sea derivada de la ignorancia.

El desapego te permite vivir con libertad cualquier situación, por limite  que parezca. Permite desoir el miedo de los otros, que no es el tuyo, y permite crecer viviendo fuera de la zona de confort pero estando, paradójicamente, en ella.

Centrarse en que es lo importante AHORA y PARA MI OBJETIVO al realizar la acción en la que estás permite una gestión de energía, de recursos mentales, de amor, mucho más eficaz.

Aceptar el estado terminal del planeta no significa renunciar a hacer todo lo posible para que dure lo máximo posible en las mejores condiciones posibles, ni renunciar a los valores de uno. Significa aceptar que sólo puedes hacer lo que de ti depende y lo que tú tienes en tu mano. Y vivir en paz contigo mismo.

25 de octubre de 2017

31

Una cumple años. Madura. Gana perspectiva. Intenta no perderse en el proceso. Intenta que la sangre ni se hierva ni se convierta en horchata. Que sólo fluya por las venas, llenándolas de vida, porque siempre nos quedarán mejor largas. A veces lo consigue, a veces no. Pero no pasa nada. Nunca pasa nada, en realidad, salvo cuando deja de pasar.

Cuando las canicas atascan los mecanismos y todo se vuelve complejo y difuso, cuando la vida de detiene y los días son largos, cuando el gris anega todo tipo de ventanas en el alma, entonces igual no nos damos cuenta, pero es la vida la que pasa, siempre, solo eso. Y ya está.

Miro al último año y constato que fue como siempre: un montón de cosas que me han cambiado para siempre, en todos los sentidos. Es bueno ese dinamismo de autoconstrucción, es bueno a pesar de que a veces lo previo haya sido una ruptura con la misma esencia de lo que pensabas que eras, aunque por definición esa esencia sea inmutable y solo pueda, si acaso, transmutarse.

Aceptar quien eres, conocerse, es aceptar que las sombras de uno no son ni más ni menos que la contrapartida de las luces. Aprender a amar tu propia oscuridad es la única manera de poder vivir en paz, de conciliarte con lo profundo de tu existencia.

Treinta y uno. Tengo treinta y uno. A esta edad, mi madre se convirtió en madre. Llevaba diez años casada, y no querían tener hijos antes. No llegué por error, no llegue tarde, llegué cuando tuve que llegar. De alguna forma mi vida siempre ha sido eso, un aparente destiempo para lo formalmentes establecido, que no suele coincidir con lo que uno es en lo profundo de sí.

Y, cuando nacía, a mitad deje de querer nacer. Igual me quede sin fuerzas o igual es que me dio un patatus pensando donde coño me estaba metiendo con esto de venir al planeta.  La cosa es que finalmente nací, y era jueves, y era octubre. Quizá por eso el otoño siempre se me hace raro y a veces estoy a punto de mandar todo a la mierda cuando vea el final cerca, pero no.

Es bonito vivir el aquí y el ahora. Es bonito disfrutar los momentitos que hacen la vida hermosa, aprender a vivir en toda su intensidad y aceptar su fin sin necesidad de prolongarlos. Es bonito aprender a tener la actitud adecuada en la vida ante las dificultades, los espejismos, las frustraciones. Aceptar sin conformarse, en todos los sentidos. Aprovechar la oportunidad que viene en cada desafío. Encontrar en cada problema una nueva solución.

Y comprender que los errores forman parte del aprendizaje. Que somos lo que somos por ellos. Que las piezas rotas se recomponen con oro en los huecos, como hacen los japoneses, aprender a hacer hermosas las limitaciones.

Los treinta no han sido un año fácil, pero han sido un año en el que he podido reinventarme y, a la vez, recuperarme la mirada en el espejo. Han sido un año de mucho dolor, y a la vez de mucho amor, en todos los sentidos.

El año más terrible y más maravilloso de mi vida, me atrevo a decir.

El año en que resucité.

No sé dónde llevará el camino que sigo, solo sé que estoy caminando hacia el lugar correcto. Es una sensación profunda de paz. Es una gran suerte empezar así, en este estado, los treinta y uno.

Y lo que piensen los demás esta de más. Y se puede vivir en el mundo sin dejarse arrastrar por él.

La libertad es aceptar la vida que uno tiene y ser feliz a pesar de ella. Esa es la auténtica libertad.

7 de agosto de 2017

No pasa nada. Y si pasa, pues no pasa nada.

Es maravilloso volver a Caminar. Sin moverme de mi sitio, pero llenar cada día con nuevas ilusiones, sueños, descansos. Afrontando lo que viene con soluciones constructivas, con ganas, con calma. Volver a Caminar con el alma y con el cuerpo. Descubrir nuevos lugares en lo común, escondidos en las pequeñas rutinas.
Hacer de cada día una aventura. Descubrir que tienes todo el tiempo del mundo, que eres la dueña de tu destino, que sabes dónde dirigir el timón aunque no tengas ni idea de dónde acabarás. Pero con un rumbo suficiente para descubrir nuevas rutas.

Y, como dice el poema, a Lestrígones, Cíclopes, al fiero Poseidón nunca temas. No hallarás tales seres en su ruta si no los llevas dentro de tu alma, si no es tu alma quien ante ti los pone.

Y eres agua, y fluyes, te sublimas, te condensas y vuelves a fluir. Y la vida sigue su curso, y los días avanzan y son tan distintos entre sí que sólo puedes sentirte increíblemente feliz de lograr haberle dado un sentido a esa masa informe en que se llegaron a convertir, sin saber muy bien ni cómo ni cuándo.

Y vuelves a creer que todo es posible. Que confiar en uno mismo es la clave para, caiga quien caiga, saber cómo levantarte si te toca. Que todo tiene solución, siempre, y cuando no la tiene, pues no la tiene y agobiarse es sólo centrarse en el problema, no en la solución.

No es que todo sea feliz, es que he encontrado la manera de ver lo bueno en cada cosa que sucede, cambié la actitud y tiré mis imposibles a la mierda, logré reinventarme (una vez más)

Y supongo que me quedarán otras tantas veces en que toque hacer lo mismo. Es lo bonito de la vida, lo compleja que es, que no lo complicada que la hacemos. Y quizá algún día me vuelva a leer, cuando haya perdido mi mirada al otro lado del espejo y llegue a dudar de que algún día todo esto fue posible. Pero lo ES.

23 de julio de 2017

Estar exactamemte en el lugar en el que quieres estar. A cada paso, en cada estrella que ilumina el cielo, estás, y estás contigo.
Esa sensación de tiempo circular que da sentido al último año de tu vida. Esa sensación de que todo es cuando debe ser.
Y ella, con su vida. Con su estrella. Todo fluye y se conecta, todo es hermoso, todo es.

Te arriesgaste y salió bien. No es una huída, sólo es un (gran) paso adelante.

Ya tocaba, ya.

Fluir.

19 de julio de 2017

Y, como dice un amigo mío, las venas nos quedan mejor largas.

Es curioso: el camino marcado siempre me ha repelido. Siempre he ido a mi bola bastante, en mis tiempos, que suelen ser destiempos para el común de los mortales. Algunas cosas las asumí a una edad mucho más temprana y, otras, mucho más tarde. Ya no sé las veces en las que cambié de dirección, las veces que reinventé mis esquemas de lo que pensé que me valía, las veces que mis nuncas los degusté sin más maridaje que un buen trago de realidad concentrada.

He perdido el rumbo mil veces y lo he vuelto a recuperar. No hay Ítaca a la que volver, no hay meta: sólo existe el Camino y en quién se convierte uno mientras tanto, y con quien se comparte. En mi caso, y no tengo claro cómo es eso, siempre elijo la ruta más difícil, sea para subir Jaizkibel o para comprender que la vida va en serio y,a la vez,que no.

Y lo único que de verdad importa es creer en uno mismo. Aunque todo falle. Aunque tú te falles. Creer en tu capacidad de reinventarte. Creer en que asimilarás lo que te suceda, que aprenderás de ello, que algún día mirarás atrás y todo tendrá el sentido que no supiste ver en un momento o temporada. Creer en tu capacidad de crear.

Lo único que de verdad importa es saber que la falta de sentido es el sentido.
No darle a nada más importancia de la que tiene, ni siquiera a la muerte.
Aprender a aceptar lo que la vida es.
Aprender a aceptar lo que eres.
Y saber que nunca es tarde para ser quien quieres ser.
Para convertirte en lo que de verdad te late baje la piel, debajo de tantas máscaras que inevitablemente debemos ponernos para sobrevivir en esta jungla de cristales y aceros.

Flexibilizar la mente. Saber que todo tiene un precio, plantearse si realmente estás dispuesto a pagarlo. Ser valiente y saltar, y atreverse a ser lo que quieres ser, a decir lo que quieres decir, a vivir lo que quieres vivir. A saber renunciar al placer del vacío, del abismo, justo a tiempo. A encontrar la felicidad no sólo en las pequeñas cosas, sino en la cotidianidad del mero fluir de la vida.

Sin conformarse. Sin dejar de buscar. Sin dejar de hacer planes. Sin que importe cuando toca cambiarlos todos. Sin que importe cuando toca comprender que todo es distinto a como habías maquinado, una y otra vez, seas consciente o no.

O eso, o te adoctrinas, o te suicidas.

No hay más.

8 de julio de 2017

Porque sueño, no lo estoy.

Y es curioso: uno descubre el click de su universo particular y todo parece encajar para mover la canica. La famosa canica que fue capaz de detener mecanismos de movimiento eterno. Sigue ahí, pero ahora ya sé dónde está, estaremos al loro.

Y el océano de las casualidades se confabula para brindar un nuevo aire fresco al mecanismo, tanto tiempo detenido en un instante tediosamente eterno. Y todo gira tan rápido que da vértigo y vida a este verano donde otro mundo comienza.

Mi vida va a cambiar radicalmente y no he tenido tiempo para pensarlo. Pero sé, profundamente sé, que esto es lo que deseo y necesito. Y, joder, cómo alivia sentir que vuelves a encontrar una luz en la niebla. Cómo mola volver a confiar en tu intuición.

Y me apetece vivir esta aventura. Y me apetece el lugar donde voy a vivirla. Y me apetecen las personas que ahora mismo están allí. Y me apetece la persona que soy cuando decido ser valiente, muy valiente, tan valiente que me llaman loca pero yo sé que no lo estoy. Porque sueño.

6 de julio de 2017

Punto de ruptura

Llegas a un punto en la vida en que no hay más que el abismo o el resurgir. Romperte y que sea por fin todo ese peso sucio de las horas muertas. Des(a)pegar(te).
Llega ese punto en que todo hace click y es un click pragmático. Y no importa si lograrás lo que te habías propuesto o querrás simplemente salir a navegar. Sin pérdidas de sentido porque ya sabes que nada lo tiene. Que nadie estará para salir a recibirte en el lugar del que marchas si es que decidieras volver, salvo tu constante idea de la realidad que es todo menos tangible.

Y eres libre de todas esas ideas que dejas que te aten.

Y te rompes.

Vuelas.