23 de julio de 2017

Estar exactamemte en el lugar en el que quieres estar. A cada paso, en cada estrella que ilumina el cielo, estás, y estás contigo.
Esa sensación de tiempo circular que da sentido al último año de tu vida. Esa sensación de que todo es cuando debe ser.
Y ella, con su vida. Con su estrella. Todo fluye y se conecta, todo es hermoso, todo es.

Te arriesgaste y salió bien. No es una huída, sólo es un (gran) paso adelante.

Ya tocaba, ya.

Fluir.

19 de julio de 2017

Y, como dice un amigo mío, las venas nos quedan mejor largas.

Es curioso: el camino marcado siempre me ha repelido. Siempre he ido a mi bola bastante, en mis tiempos, que suelen ser destiempos para el común de los mortales. Algunas cosas las asumí a una edad mucho más temprana y, otras, mucho más tarde. Ya no sé las veces en las que cambié de dirección, las veces que reinventé mis esquemas de lo que pensé que me valía, las veces que mis nuncas los degusté sin más maridaje que un buen trago de realidad concentrada.

He perdido el rumbo mil veces y lo he vuelto a recuperar. No hay Ítaca a la que volver, no hay meta: sólo existe el Camino y en quién se convierte uno mientras tanto, y con quien se comparte. En mi caso, y no tengo claro cómo es eso, siempre elijo la ruta más difícil, sea para subir Jaizkibel o para comprender que la vida va en serio y,a la vez,que no.

Y lo único que de verdad importa es creer en uno mismo. Aunque todo falle. Aunque tú te falles. Creer en tu capacidad de reinventarte. Creer en que asimilarás lo que te suceda, que aprenderás de ello, que algún día mirarás atrás y todo tendrá el sentido que no supiste ver en un momento o temporada. Creer en tu capacidad de crear.

Lo único que de verdad importa es saber que la falta de sentido es el sentido.
No darle a nada más importancia de la que tiene, ni siquiera a la muerte.
Aprender a aceptar lo que la vida es.
Aprender a aceptar lo que eres.
Y saber que nunca es tarde para ser quien quieres ser.
Para convertirte en lo que de verdad te late baje la piel, debajo de tantas máscaras que inevitablemente debemos ponernos para sobrevivir en esta jungla de cristales y aceros.

Flexibilizar la mente. Saber que todo tiene un precio, plantearse si realmente estás dispuesto a pagarlo. Ser valiente y saltar, y atreverse a ser lo que quieres ser, a decir lo que quieres decir, a vivir lo que quieres vivir. A saber renunciar al placer del vacío, del abismo, justo a tiempo. A encontrar la felicidad no sólo en las pequeñas cosas, sino en la cotidianidad del mero fluir de la vida.

Sin conformarse. Sin dejar de buscar. Sin dejar de hacer planes. Sin que importe cuando toca cambiarlos todos. Sin que importe cuando toca comprender que todo es distinto a como habías maquinado, una y otra vez, seas consciente o no.

O eso, o te adoctrinas, o te suicidas.

No hay más.

8 de julio de 2017

Porque sueño, no lo estoy.

Y es curioso: uno descubre el click de su universo particular y todo parece encajar para mover la canica. La famosa canica que fue capaz de detener mecanismos de movimiento eterno. Sigue ahí, pero ahora ya sé dónde está, estaremos al loro.

Y el océano de las casualidades se confabula para brindar un nuevo aire fresco al mecanismo, tanto tiempo detenido en un instante tediosamente eterno. Y todo gira tan rápido que da vértigo y vida a este verano donde otro mundo comienza.

Mi vida va a cambiar radicalmente y no he tenido tiempo para pensarlo. Pero sé, profundamente sé, que esto es lo que deseo y necesito. Y, joder, cómo alivia sentir que vuelves a encontrar una luz en la niebla. Cómo mola volver a confiar en tu intuición.

Y me apetece vivir esta aventura. Y me apetece el lugar donde voy a vivirla. Y me apetecen las personas que ahora mismo están allí. Y me apetece la persona que soy cuando decido ser valiente, muy valiente, tan valiente que me llaman loca pero yo sé que no lo estoy. Porque sueño.

6 de julio de 2017

Punto de ruptura

Llegas a un punto en la vida en que no hay más que el abismo o el resurgir. Romperte y que sea por fin todo ese peso sucio de las horas muertas. Des(a)pegar(te).
Llega ese punto en que todo hace click y es un click pragmático. Y no importa si lograrás lo que te habías propuesto o querrás simplemente salir a navegar. Sin pérdidas de sentido porque ya sabes que nada lo tiene. Que nadie estará para salir a recibirte en el lugar del que marchas si es que decidieras volver, salvo tu constante idea de la realidad que es todo menos tangible.

Y eres libre de todas esas ideas que dejas que te aten.

Y te rompes.

Vuelas.

5 de junio de 2017

Sabías que, además de un libro, me estabas regalando una película y una experiencia. Casi un "Elige tu propia aventura" pero de paquetes en Correos, conducción peligrosa y psicópatas. Porque sabías, claro, que eso que todo el mundo piensa cuando le mandan un paquete que no ha pedido sin remitente de que es un regalo sorpresa no era lo primero que iba a pensar. Ni tampoco en un timo o en una equivocación. Sabías que iría a recoger el paquete y luego ya vería, al fin y al cabo Amazon es razonablemente seguro. Al principio no he visto la nota y mi cara de poker ha sido mayúscula. Y la sonrisa que se me ha puesto cuando he visto tu nombre, también la adivinaste :)

Lo mejor de tu regalo no ha sido el regalo en sí, que está genial. Ni siquiera la expectación, ni la película previa, ni la expedición para Correos. Lo mejor ha sido constatar, una vez más, que tengo una amiga como tú.

¡Gracias!

4 de junio de 2017

Nada es bonito, pero seguirá pareciendo Carnavales

No me imagino cuánto dolor te causé sin saberlo. Cuánto debió costarte esa primera distancia. Esa vuelta. Tener que volverte a marchar. Siempre vuelvo a echarte de menos y siento que nadie podrá ocupar el lugar que te pertenece, que toda la intensidad concentrada sigue haciéndome sonreír, a pesar de todo.

Supongo que no te supe entender entonces, no supe leer entre todas esas líneas no escritas entre los dos. Hoy, volviéndote a echar de menos, volviendo a pensar en ti, me ha dado por releer nuestras cartas. Y de repente he entendido lo que pasó. La intensidad con la que pasó. He sido consciente de mi inconsciencia. Y te he abrazado de memoria, y me he despedido de ti otro poquito más. No hay vuelta de hoja desde hace muchísimo tiempo, pero pensaba que sí. Perdóname por haber tardado tanto en comprenderlo. Me quisiste, y te quise, pero nunca hablamos el mismo idioma.

Cada día que pasa comprendo mejor tu huida hacia delante. Las piezas van encajándose y espero que también lo hagan para ti. Y, sin embargo, te echaré de menos, siempre.

Otro de mis siempres con todas sus consecuencias.

Ojalá esto fuera de otro modo. Ojalá siguieramos contando,hasta dos, o hasta diez, pero contar contigo. Que tú contaras conmigo.A veces pienso que igual un día lees mis cartas a la nada y vuelves a entenderme, aunque sea un instante. Otras, que es mejor esta distancia de la que ya no puede haber vuelta atrás por mucho que quisiéramos.

Sigo sin poder decirte adiós. Pero empiezo a comprender hasta que punto es necesario que te lo diga.

27 de mayo de 2017

(Des)velos

A pesar de todos los velos que nos van atando de pies y manos, que pretenden cerrarnos los ojos con tantas capas, siempre se escapan resquicios de lo que un día fuimos entre todos esos hilos que no siempre nos pertenecieron. Algunos velos se nos caen del mismo modo en que llegaron, de repente, sin más. Y a veces es hermoso recordar el color que tenían las cosas y, otras, el dolor de la pérdida de esa visión etérea es insoportable.

Y, al final, lo que sucede es que nunca dejamos de reinventarnos, supongo.

Regurgitando fantasmas

Quizá lo peor sea saber que esto es lo mejor. Y quizá lo mejor es saber que es lo peor.

Todo esto que no sabes, pero que ya no podré decirte

Poco a poco van llegando los recuerdos de tu nombre. Se me hace raro que ya no estés aquí y duele mucho más de lo que me quiero admitir. Supongo que pienso que así es más fácil, pero no. Olvidándome de ti, sin procesar lo vivido, supone que tu recuerdo se me clava cada vez más dentro y me va infectando las partes bonitas que recuerdo de ti. Cuando eso sucede es tiempo de arrancar la costra y hurgar antes de que todo se convierta en parte de la sepsis. El tiempo es circular y en realidad ahora es también cuando te conocí y nos agarramos de la mano para que no te secuestraran las hordas de hormonas despendoladas aquel día que podría haber sido cualquiera. Si he de ser sincera, te quiero a pesar de tus cobardías, qué le voy a hacer. Es doloroso querer de este modo a alguien que, a pesar de existir, no quiere hacerlo para mi más. Creo que no me lo merezco, en absoluto. No hice nada para que actuaras así conmigo, aunque supongo que tú no puedes soportar lo que yo represento en tu vida, supongo que tienes tanto miedo de perder lo que siempre quisiste que no te das cuenta de que renunciar a todo lo demás sólo valdrá durante un tiempo. Y yo te prometo que lo entiendo, que entiendo tu miedo, que entiendo ese vacío existencial que parece que se suaviza un poco con ella. Cómo no lo voy a entender, es una sensación maravillosa. Irreal, pero maravillosa. Comprendo que hayas perdido el rumbo, pero duele formar parte de las naves que decidiste quemar. Supongo que estamos condenados a estar siempre lejos, sobre todo si estás cerca. Lo triste es que piensas que nadie te ha querido como ella y, bueno, me da la sensación de que te aferras a esa idea en vez de disfrutar todo lo que podríais aportaros. Y yo qué le voy a hacer, si también entiendo demasiado bien lo que cuesta despertarse de todas las mentiras que algún día nos creíamos. Es parte de madurar, aceptar la realidad, pero tú sólo estás huyendo de ella del único modo que sabes. Con películas increíbles y poniendo en ellas toda tu alma.

Y no sé. A veces me gustaría agarrarte de una oreja y hacerte reaccionar. Ponerte un espejo delante hasta que logres encontrarte en esos ojos que ya no recuerdo y, probablemente, tú tampoco. A veces me gustaría volver a poder tomarme una cerveza con mi viejo amigo, mi amigo el viajero, el navegante de vientos que un día me pintó un campo de refugiados y cabras en Tindeuf. Me gustaría que me contaras por qué ella te hace tan feliz, me gustaría contarte que, en medio de mi caos, yo también encontré a alguien que me hace feliz a mi. Me gustaría hablarte de mis fríos polares, del fin de mi mundo, que me dieras un abrazo y lo arregláramos un rato. Me gustaría abrazarte a ti cuando me cuentes que todo lo que pensabas que sería ya no será, y bueno, explicarte que igual no será así como pensabas, pero recordarte que no todo está perdido. Echo de menos los amigos que un día fuimos.

Durante mucho tiempo se me fueron todas las palabras. Una de las cosas buenas que está teniendo todo este caos es que al menos estoy recuperando algunas. Eres (eras) de las pocas personas a quien me gustaría contárselas porque casi nunca hacía falta explicártelas.

No te gusta decir adiós. Ójala yo fuera capaz de decírtelo a ti.

14 de mayo de 2017

Qué alegría más tonta, volar sentada aquí

Lo más bonito cuando pasa el invierno es volver a sentir las cosas. Mirar el sol y disfrutar con el calorcito sobre la piel. Nadar, nadar, nadar y que nada más importe. Nadar y morir en cada brazada, quedarte sin respiración y, aún así, llegar al otro lado. Disfrutar del tiempo que te queda, porque sólo estás en el momentito concreto que es ahora. Redescubrir el sabor de las cosas. Atreverse a superar tus miedos, salir de la zona de confort y montarse en una moto que acelera hasta el punto de tener que apretarte al conductor, al que sólo dos minutos antes de montar le hablaste de tu pánico irracional a esos vehículos del infierno. Volver a conducir. Volver a disfrutar mientras cocinas. Volver a salir de la cueva. Seguir nadando, y nadando, y nadando. Lo más bonito cuando pasa el infierno es volver a vivir.


9 de mayo de 2017

Relato XCIX

Mimetismos y sinergias y aquí estamos, perdidos a pesar de todos los mapas que creímos trazar. Sólo somos extraños que comparten una dirección a la que llegan las cartas de la hipoteca. Yo te quería, lo sabes, ¿verdad? ¿Aún eres capaz de recordarlo? Yo todavía recuerdo cuando trazábamos mapas de nubes y cocinábamos souflé de fresa, antes de vender el alma al diablo por más, siempre más de todo menos de lo que alguna vez me importó realmente. Y así nos va. Nos lo hemos buscado nosotros mismos, supongo. 99 formas de despedirme de ti y sigo sin saber.

Eres algo que he olvidado ya

17 de febrero de 2008

Al final nada ha sido como pensé que sería. Y así está bien. Muy bien, incluso. La felicidad es esto, buenos amigos compartiendo sueños y risas. Llegarán la guerra, el hambre, la peste y la muerte, imagino. ¿Y qué? Quizá no esté viva siquiera para entonces, quizá no lo estén ellos. Quizá, simplemente, los jinetes del apocalipsis decidan montar otras botas.

09 de mayo de 2017

Los jinetes del apocalipsis llegaron, pero varias veces. Nunca se han decidido a arrasarlo todo. Quizá porque siempre queda algún resquicio de Felicidad quien, siempre tan juguetona, se dedica a cambiarles las botas. Yo no sé si estaré viva cuando lleguen para quedarse. Yo no sé si ellos estarán dispuestos cuando llegue ese momento. Y, mientras tanto, la Felicidad sigue siendo esto. Momentitos. 

Cuando te diste cuenta, yo deliraba

12 de marzo de 2008

Qué difícil es mantener el equilibrio. La cordura, la sonrisa, mantener la mirada limpia de nieblas. Qué difícil es mirarme a los ojos a veces y creer, realmente, que es viable. Qué difícil abrir la mano, del todo, dejar que vuelen las semillas definitivamente, que no quede de ti ni siquiera la esencia. Arrancarse las raíces de la duda, dejar que cure lo que tenga que curar y que las tiritas aguanten pegadas el tiempo suficiente para que el calcetín no forme parte de la costra. Qué difícil no perderse entre chispazos y cortocircuitos, seguir brillando años luz aunque estés ya muerta. Qué difícil no echarte de menos, a veces; qué difícil no pensarte cuando hay lluvia.

Y te quedas enquistado en mi memoria y el corazón se vuelve granulado. Y a ver cómo hago para que el veneno que te arranque de mi ser no se lleve el resto de mi.

(Todavía te quiero, sí)

09 de mayo de 2017

(Ahora, ya, no.)

Una de las pocas certezas que sigo manteniendo.

16 de diciembre de 2007
Nunca digas nunca, verdad, ¿linda? Nunca.

9 de mayo de 2017
Nunca. Jamás.

Qué alegría, qué buen día, que bueno tenerte

9 de diciembre de 2007

Abismos y cenizas. Oh. Y el fuego sigue abrasándome mientras me bebo la vida y sigo volando. Se una mujer, mírate a los ojos. Últimamente sólo me enamoro de extraños que no pueden hacerlo. No se si yo lo deseo ya, mirarme a los ojos. 

9 de mayo de 2017

De tanto beber fuego y vida, de tanto volar, se me quemaron las alas. Y volvieron a resurgir, cómo no, de sus cenizas, unas cuántas veces a lo largo de los años. Estuve mucho tiempo enamorándome de extraños que no podían hacerlo, hasta que me convertí en una de ellos. Y, un buen día, comprendí que lo único que deseaba, ya, era poder mirarme a los ojos (y reconocerme en ellos).