La frase del título es de esas absurdeces que mi cabeza ha retenido a lo largo de los años, no se sabe bien por qué. Significa "Que la fuerza te acompañe" en japonés, o eso me contaron entonces. Y supongo que ha vuelto a mi mente de repente porque realmente necesito que la fuerza esté conmigo... y el café, caliente, y la cabeza, fría. Sobre todo necesito la cabeza fría: absorber datos útiles, relegar los no-útiles, sentir lo justo y, desde luego, ganar la batalla a mi mente cuando se ponga tonturria por causas varias.
Queda un mes. UN MES. Y luego ya veremos: pase lo que pase, cambiaré de etapa. Pero el presente es el final de esta y voy a poner en construirlo todas las ganas del mundo: faltaría más.
PD.Feliz navidad y felices-todas-esas-cosas para todos, por cierto.
28 de diciembre de 2011
21 de diciembre de 2011
Adelante, siempre adelante
A pesar de los pasos atrás, de los miedos, de las inseguridades y de las frustraciones, sólo hay un camino: hacia delante. El pasado ya pasó y el presente es el camino que nos conduce hacia un futuro más o menos incierto del que ya nos ocuparemos cuando llegue. El presente es lo único que existe ahora, en este momento, en el momento que estás viviendo y que se marchará sin retorno. La vida es lo que es y eso hay que aceptarlo, aunque el modo en que la vivas conduce, al final, a lo que tú quieras hacer de ella.
Hay que ser valiente ante las dificultades. El miedo es, al final, nuestro peor enemigo, el que más nos aleja de nosotros mismos, de nuestra fuerza interior, de todo ese potencial de posibilidades que llevamos dentro de nosotros. Pero, sobre todo, lo más importante es aceptar que tenemos miedo, a lo que sea que lo tengamos. La negación lo convierte en algo mucho más poderoso porque no hay nada peor que desconocer al enemigo y más aún cuando está dentro de ti mismo. Ser valientes empieza por reconocer ese miedo para que deje de manipular nuestra vida desde las sombras.
Y eso. Aceptar, comprender, respirar y... adelante.
Hay que ser valiente ante las dificultades. El miedo es, al final, nuestro peor enemigo, el que más nos aleja de nosotros mismos, de nuestra fuerza interior, de todo ese potencial de posibilidades que llevamos dentro de nosotros. Pero, sobre todo, lo más importante es aceptar que tenemos miedo, a lo que sea que lo tengamos. La negación lo convierte en algo mucho más poderoso porque no hay nada peor que desconocer al enemigo y más aún cuando está dentro de ti mismo. Ser valientes empieza por reconocer ese miedo para que deje de manipular nuestra vida desde las sombras.
Y eso. Aceptar, comprender, respirar y... adelante.
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