24 de febrero de 2012

Oh fucking yeah!

Lo he conseguido. No puedo creerlo. He mirado unas diez mil millones de veces el resultado (exagerando sólo un poco) y sí, es mi nombre, es mi número: estoy dentro y muchísimo mejor de lo esperado. Todos estos meses de esfuerzo y dedicación, de renuncias, de estar al límite de mi misma, de café y biblioteca, de desesperar, de tener post-it hasta en las pestañas, todos estos meses echándole pasión y ganas a pesar de estar hasta los ovarios... han merecido la pena. Lo hubieran merecido aunque no hubiera salido bien: lo que he aprendido, tanto de mi profesión como, sobre todo, de mi misma, es valioso por sí mismo. Pero obviamente así estoy mucho más alegre, claro. Y otra de las cosas buenas de estos meses ha sido darme cuenta de toda la gente que me quiere y me apoya. Sin ellos hubiera sido mucho, muchísimo más difícil, tanto el camino como el resultado. Al final es lo de siempre: es en los momentos difíciles cuando te das cuenta de con quién puedes contar.

Estoy feliz e ilusionada. Mucho. Y voy a disfrutarlo, cada segundo, porque me lo he ganado a pulso, porque ahora toca cargar las pilas con risas, aire, sueños, música, bailes, besos, viajes, reencuentros. No es que quiera recuperar los últimos nueve meses de mi vida... no hay nada que recuperar. Lo que quiero es disfrutar del lado dulce que también tiene antes de que vuelva a cambiar de sabor a uno no tan agradable.

Sed felices.

23 de febrero de 2012

La vida pasa...de momento.



Mira tú
La vida puede sorprenderte mucho más
Que 100 años que pasen en el mismo lugar
Creyendo que las visto to y no has visto na
Y no sabes na

Fíjate tú
Tanto y tanto como ando yo de aquí pa ya
Casi siempre tonteando y sin adivinar,
Que esto dura lo que dura y hay que aprovechar.

De momento
La vida pasa de momento
De momento...
Aquí todo es de momento...
De momento
La vida pasa de momento.
De momento...
Aquí todo es de momento...

Yo se bien que tengo que luchar para sobrevivir,
Que nadie será el dueño de mi provenir,
Tan sólo yo puedo saber que quiero ser
Y proceder...

Puede ser...
Que viva de ilusiones que yo fabriqué
Que tenga en los bolsillos sólo arena y fe
Pero del aire no me puedo alimentar
Y esa es la verdad...

Y aquí estoy
Jodido por este camino que escogí
Pero vale la pena llegar hasta el fin
Hay que sentir la magia del amanecer
Para crecer...

Pero sé
Que aún me quedan lágrimas por derramar,
Será el precio que pague por mi libertad
Quiero sentir que hice
Lo que yo de verdad soñaba

No quiero ser
Alguien que se torture cada día más
Que lo tuvo en sus manos y dejo escapar
Lo que te da la vida también te roba el alma

De momento
La vida pasa de momento
De momento...
Aquí todo es de momento...
De momento
La vida pasa de momento
De momento...
Aquí todo es de momento...

20 de febrero de 2012

Notas al pie (derecho)

Sólo existe el ahora. El momento irrepetible que nunca volverá, que te pertenece entero, a ti. Que compartes, pero es tuyo, lleno de matices que se volatilizarán si no te impregnas de ellos en toda su variabilidad en el instante preciso en que nacen.

El centro de uno mismo siempre debe ser uno mismo para que funcione compartir con los demás, para que las relaciones de cualquier tipo sean sanas. Negarse a vivir, vetarse por miedo, nos limita y reduce, nos arrincona. Buscar el punto de acuerdo, de encuentro, sin que eso significa perder el propio centro: se trata de eso. Y fluir.

17 de febrero de 2012

No era la Callas, pero aún así me ha erizado la piel.



Definitivamente cuánto gana la música, de cualquier tipo, en directo.

15 de febrero de 2012

La locura del viento.

No llegué a hablar de mi viaje a Grecia, ni de sus mercados de especias, ni del modo en que tanta belleza me erizaba la piel. Tampoco de la magia de Nafplio ni de aquella fortaleza que conquistamos, ni de la vendedora de kombolois y su profunda tristeza al hablar de su país, ni del mejor frappé que tomamos aquellos días, sentados en la terraza a orillas del mar, sin que existiera nada más que ese momento. Se quedaron en el tintero los yonkis de Omonia y el debate sobre si el mejor culo del mundo pertenecía a aquella estatua de Poseidón o a la chica-en realidad, chicas, todas te entusiasmaban- que fuimos siguiendo, sin querer, al bajar del Likavitos.

Recuerdo con total nitidez los graffitis de Exarchia y la tienda de cuadernos en miniatura, los souvlakis y frappés y aquellos panes rellenos de todo tan increíblemente apetitosos, las tortugas follarinas del Keramikós, el mejor yogur del mundo que no es griego, sino de búfala búlgara. El fantástico atardecer en el templo de Poseidón después de hacer un viaje de 65 km en un tres horas y media porque el autobús paraba, literalmente, cada vez que alguien timbraba en medio de la ¿autopista? (¿aquello era una autopista?), el baño furtivo junto al templo y aquel bicho indeterminado que - cómo no - acabó picándome. El argentino que me encandiló a mi y al que encandilaste tú sin enterarte de nada, mientras me dejaba a precio irrisorio pendientes y pulseras y su amigo rico vendía pantalones como un mendigo cualquiera. Tomarnos cervezas rodeados de música alegre, con la Acrópolis iluminandonos la noche a tan sólo unos metros y sintiendonos en el lugar exacto en el que estábamos.

Me guardé para mi aquella ciudad tan llena de contrastes, el licor de canela(¿raki?) de fiesta por Gazi, las risas que nos entraban con la ceremonia de apareamiento del pompón de la guardia griega-por mucho que nos intentaran convencer de que aquello era el cambio de guardia-, las noches interminables que pasaban en un suspiro hablando de todo y de nada, sintiendo el tiempo detenerse para siempre en aquella locura llena de sorpresas y magia, lo cerca que estuvimos entonces. Lo guardé para mi porque era como quería recordarte: comprendiendo el por qué de tus desastres y tus torbellinos, sintiéndote lleno de risas y sonrisas ávidas de descubrir y mostrar, dejándote fluir y fluyendo conmigo, ajenos a todo lo que no fuera aquel momento.

Ha pasado mucho tiempo y, sobre todo, han sucedido muchas cosas. Hoy, al oler las especias del souvlaki que he tenido que tirar porque se ha llenado de cristales al romperse el bote-ya casi vacío y que administraba con cuentagotas- tantos recuerdos se han agolpado, tantas cosas han venido a mi memoria, que decidí compartir algunas contigo.

Lo leerás. Lo se. No se cuando pero lo leerás. Puede que tú también lo recuerdes, quizá con otros detalles, pero qué importa eso. Sé que sabes de lo que hablo: te echo de menos, pequeño. Aunque nunca volvamos a ser los mismos, te echaré de menos. Siempre. Y pase lo que pase, y a pesar de todo lo pasado, sabes que siempre estaré. Y yo se que tú estarás. Aunque a veces la locura del viento enfurezca a la fuerza del agua y a veces el ímpetu del agua descoloque el fluir del viento. Sucede, está en su naturaleza. Pero también sucede que el agua es vapor y vuela en la brisa, y sucede que el viento acaricia las gotas de lluvia. La cuestión es comprender que ambas naturalezas son en realidad la misma.

Siempre nos quedará Grecia :)

11 de febrero de 2012

Hacía mucho que no me planteaba por qué escribo aquí

Después de todos estos años han variado tantas veces los fondos y las formas, los motivos, que al final lo único que puedo decir con certeza es que sigue mereciendo la pena, a pesar de que de un tiempo a esta parte esto se ha convertido en un popurrí variado sin más hilo conductor que una proyección de mi vida de fondo que ni siquiera es siempre autobiográfica, lectores que me siguen -cada vez más silenciosos- y ciertos juegos, quizá demasiado complicados, de los que ya me cansé.

Al final, quizá como al principio, esto no deja de ser más que un lugar donde recoger botellas de la inmensidad cibernaútica (palabro con mucho más sentido que cibernética) y donde lanzar las mías. Para nadie, para todos, para mi. Una cuestión de catarsis, de piezas de puzzle dispersas que, de repente, cobran sentido. Un modo de convertir desengaños en humo y novelar la realidad para que soñar siga teniendo sentido. Shikimi no soy yo y nadie es más yo que ella. Ni siquiera tú, que crees conocerme, sabes quién soy en realidad, aunque eso es algo que no se puede descubrir a través de las palabras: no dejan de ser máscaras, una aproximación relativa tan subjetiva como etérea.

He conocido algunas personas a través de esto que me han permitido crecer interiormente, ya fuera por dulzura o por dolor, que probablemente hubiera sido imposible conocer de otro modo. He no-conocido a otras que también me han no-conocido y a pesar del no-encuentro encuentran en mis palabras algo que conocen, o re-conocen, tanto como para seguir leyéndome. (¿Qué coño haces leyéndome todavía? Permíteme que le busque la explicación que me plazca)

He expresado mi ira y rabia, mi tristeza y mi dolor, mi desconcierto, mi alegría y gratitud. He compartido reflexiones de todo tipo, vivencias que dudo que le importen a nadie más que a mi, absurdeces y frikadas que me divierten, banalidades varias que me hacen la vida más agradable. También he expresado realidades que sólo existen en mi mente, sueños que parecen pesadillas, cuentos que cantan más en lo que no cuentan, reflexiones vitales que viene bien dejar escritas en algún sitio para cuando de verdad vuelvan a venir al caso.

Al final, como al principio, todo se reduce a que escribo y te dejo mirar, si quieres. Y tú miras, como estás haciendo ahora. Y, como la mayoría de las veces, escuchas en silencio. O hablas. Tú eliges qué quieres y yo hago lo mismo: por ahora, elijo escribir y dejarte mirar. Y leerte cuando decides dejarme mirar a mi.

Y nada más.

8 de febrero de 2012

[Relato XC]

Nos delata el equipaje y la duda al caminar. Nos miramos, de reojo, sorprendidas. Sé que tú eres ella y tú, que ella soy yo. Como en un espejo en el que Alicia se duplicó a si misma, caminamos en silencio, de la mano, adentrándonos en ese país de las Maravillas en el que nunca dejamos de creer.

7 de febrero de 2012

Un año más en que me he acordado de ti todos y cada uno de los días: cómo no hacerlo hoy también. Siempre conmigo, con nosotros. Estés donde estés, si es que estás de alguna forma en algún lado, te mando de nuevo ese último abrazo que no pude darte y todos los que sí te di, que fueron tantos. Y cierro los ojos y recuerdo tu sonrisa al contar como me rescataste del tobogán gigante, del que casi "volo" si no es por ti. Y cierro los ojos y recuerdo tantas, tantísimas cosas, que al abrirlos sólo puedo darle gracias a la vida por haber tenido la suerte de tener un abuelo tan increíble como tú.
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